lunes, 16 de febrero de 2015

La Noche del Ratón

Hace unos meses me llegó un email remitido por Asier Vázquez en el que me anunciaba que había producido una película y que iba a participar en un festival de cine en California. “Que no pierda nunca la capacidad de sorprenderme”, pensé para mis adentros.

La primera vez que vi a Asier fue en una foto. “Este es mi hermano. Es ciego”, me dijo mi buen amigo Iker. Con los años, las noticias sobre Asier no dejarían de llegarme, gota a gota, y sus asombrosos logros serían una constante: periodista, poeta (con su libro publicado), nuevamente poeta (segundo libro en las estanterías), bloguero y tertuliano.

Este post podría haber sido una noticia para una agencia de noticias firmada con mi nombre. Este texto podría haber sido una noticia en cualquier medio de comunicación alertando sobre la participación de una modesta película española en un importante festival de cine estadounidense. También podría haber sido, hace una semana, una crónica in-situ del periplo americano de Asier y sus compinches. Pero, finalmente, este post es un reconocimiento a posteriori al esfuerzo que personas con un talento tan grande como el optimismo que transpiran son capaces de lograr.

Hace ya varios años que David R. Losada y Asier Vázquez traman proyectos audiovisuales. Y hace unos pocos que entre ellos surgió la idea de sacar adelante una película. “Queríamos demostrarnos a nosotros mismos que podíamos grabar un largo, aunque fuera con escasos recursos”, me contaron los dos cuando les entrevisté, a 6.000 kilómetros de distancia. Y eso hicieron cuando parieron “La noche del Ratón”, una película rodada con 6.000 euros de presupuesto de una manera artesana, editada con paciencia durante meses y presentada al gran público con mimo, orgullo y dignidad.

La Noche del Ratón fue seleccionada para participar en la edición 2015 del Festival Internacional de Cine de Santa Bárbara, en California. Y desde que esa nominación tuviera lugar, Asier, productor del filme y David, su director, han vivido una montaña rusa de sensaciones y emociones que tuvieron su punto culminante durante la semana que pasaron en la costa oeste de Estados Unidos.

“Oye, Asier, ¿y cómo puede alguien producir una película siendo ciego?” le pregunté en mi infinita ignorancia de que los invidentes como él también van al cine, porque les gusta disfrutar del ambiente de la gran pantalla. Que los que no ven la luz son muy capaces de evaluar cuando una toma es buena o no. Que las personas como Asier, aunque no vean, pueden amar y saber mucho del séptimo arte.

“Es una película de género”, me comentan tanto productor como director. Un thriller con toques de terror, ochenta minutos de tensión e incertidumbre ante qué puede estar pasando, ante cómo se resolverá la angustiosa situación de sus protagonistas. Sorprende sobremanera que 6.000 euros (puedes poner como comparación lo que costó alguna peli de Hollywood) den para rodar durante semanas, principalmente en aquella gasolinera de Irún donde “cada día las revistas y las bolsas de patatas de las estanterías cambiaban y teníamos que estar muy pendientes del raccord”. El primer largometraje que David dirige y Asier produce puede ser muchas cosas pero desde luego no es un entretenimiento amateur de unos amiguetes.

Y eso han considerado crítica y publico en Santa Bárbara, que en todos los pases aplaudieron la película y han sido más que generosos con sus críticas: “España demuestra que puede competir con los thrillers americanos”, decía la televisión ABC; “el director me recuerda a Polanski”, comentó Roger Durling, el director del Festival.

Tras una semana pisando la alfombra roja, concediendo entrevistas, posando para las cámaras, midiendo la reacción del público y participando en coloquios sobre cine, los chicos y chicas de “La Noche del Ratón” han vuelto a casa aún más convencidos de que el próximo proyecto no puede detenerse ahora. Y es que, quizá esto sea lo más interesante, la película ha cumplido su misión de ser los 80 minutos de largometraje que les demuestra a ellos mismos que son capaces de hacer algo grande con pocos medios. Ahora que los medios van a ser mayores, los resultados, vaticino, pueden ser prometedores. 

Vi a Asier por primera vez en una foto, sobre la cómoda de un salón. Años después, vuelvo a ver su cara en la prensa, al lado de titulares como “Estreno mundial al más puro estilo de Hollywood”. Mi enhorabuena, artista.

lunes, 9 de febrero de 2015

“El lago de los cisnes”: ¿otro cuento de buenos y malos?

Sin importar que sepas o no de ballet y pese a que la historia no es fácil de seguir , en “El lago de los cisnes” queda claro quién es el héroe y quién es el villano. Hasta los vestidos no dejan lugar a dudas: es una batalla entre la pureza del blanco y la perversidad del negro. Pero la representación guarda una sorpresa: la bailarina buena es la misma que hace el papel de mala. Y, sea casualidad o no, parece que las piruetas y seducciones del cisne negro ganan más aplausos que la fría elegancia y el sufrimiento contenido del cisne blanco.

Como la vida misma. Porque aunque desde pequeños nos han inculcado el atractivo de simplificar las cosas a un duopolio de extremos, con el pa
so de los años aprendemos que las cosas se complican y hay muchos grises en la paleta. También en el ballet. 


El director al frente de la orquesta del Teatro Mariinsky de San Petesburgo y titular de la Orquesta Sinfónica de Londres, Valery Gergiev, es probablemente de los más prestigiosos del mundo y llena las salas por donde va. Pero delante de la Academia de Música de Brooklyn (BAM), donde el director estrenó el 14 de enero una residencia de dos semanas que incluyó entre otras obras “El lago de los cisnes”, todas las noches un grupo de manifestantes repartía folletos y, armados de pancartas, acusaba a Gergiev de ser simpatizante del presidente Vladimir V. Putin y de haber firmado una carta publicada por el ministerio de Cultura de Rusia expresando el “firme” apoyo a la ocupación militar de Ucrania. 

Los disidentes reclamaban el boicot de los conciertos de Gergiev y ofrecían más detalles sobre otros patrocinadores del Mariinsky sometidos a sanciones por Estados Unidos a todo aquel dispuesto a escuchar. Pero la mayoría de los engalanados neoyorquinos que acudía a BAM para ver el ballet parecía tener poco interés por mezclar arte y política. 

Entonces, en un mundo de blancos y negros, de vencidos y vencedores, cisnes inocentes y cisnes embaucadores, Gergiev ¿es bueno o malo? ¿Qué hacemos con aquellos artistas cuya creatividad nos regala obras maestras pero cuyos actos como embajadores de la raza humana dejan mucho que desear? El público de todo el mundo se levanta para ovacionar a Gergiev sin importarle que éste acuse abiertamente a los “nazis” ucranianos de querer “masacrar” a los rusoparlantes de Crimea. Nos adentramos en territorio gris, gris como un invierno en Donetsk.

La coreografía original de “El lago de los cisnes” para la obra de Tchaikovsky, creada para el Teatro Mariinksy por Marius Petipa y Lev Ivanov hace casi 120 años, es probablemente la tragedia más famosa de la historia del ballet. Bailar su doble papel protagonista es como escalar el Everest o hacer de Hamlet. No es de sorprender que en la versión representada en Brooklyn, la fría perfección de la bailarina Viktoria Tereshkina redujera, pese a los duetos, solos y el momento en que completa de manera sublime sus 32 “fouettes” (rapidísimas piruetas), el mítico enfrentamiento entre la sufrida Odette y la lasciva Odille a un mero estereotipo. 

Otro gris irónico que se asoma en esta historia es la abundancia de rumores que sugieren que Piotr Tchaikovsky era homosexual. Y no hay duda de que Putin y su gobierno desaprueban de las relaciones entre personas del mismo sexo en vista de sus homófonas leyes. Para Gergiev no debe ser tarea fácil mantener su lealtad a los valores de su amigo Putin en un mundo como el ballet. Durante un concierto de Gergiev en 2013 en Carnegie Hall, en Nueva York, unos manifestantes gritaron: “¡Gergiev, tu silencio está matando a gays rusos!”

En una entrevista con el dominical de The New York Times, el director trató de minimizar estas acusaciones alegando que él no es parte de ninguna matanza en el mundo. Además, llegó a poner en duda la veracidad de las historias sobre el asesinato de homosexuales rusos. “Nadie puede contarme ningún caso, ni siquiera mis amigos occidentales”, declaró Gergiev a la revista.


Pese a ser un recuerdo lejano, en el contexto de las actuales tensiones entre Washington y Moscú no es complicado resucitar el viejo fantasma de la Guerra Fría. Y ahora, en pleno centro de Nueva York, ¿quiénes son los buenos y quiénes son los malos?

¿Acaso es casualidad que en esta representación de ‘El lago de los cisnes’ se optara para el final del ballet por la inusual versión de 1950 en la que en lugar del trágico final en que ambos protagonistas mueren, el noble príncipe Siegfried desafía al culpable del mal y todo acaba en un final feliz? ¿No es este un desenlace perfecto para un público acostumbrado a los cuentos de hadas de Disney?

En la entrevista a The New York Times, Gergiev también negó que los rusos fueran antiestadounidenses y como ejemplo se refirió a su fascinación por los iPhones y el cine de Hollywood. Pero no se distanció de Putin, alegando que el tema de Crimea “es muy complejo y que no puede definirse por la palabra ‘anexión’”.

Los activistas, integrantes del grupo Art Against Agression, seguirán al director durante la totalidad de su gira por Estados Unidos, que incluye paradas en Washington, Carolina del Norte, Michigan y Florida, para concluir el 14 de febrero en Nueva York con un concierto en Carnegie Hall.


“Queremos asegurarnos de que cuando estos artistas que apoyan a Putin y sus políticas que violan los derechos humanos actúen en Occidente, el público sea consciente de lo que hacen”, decía un comunicado de prensa repartido delante de BAM.

Según Naciones Unidas, el enfrentamiento entre las fuerzas ucranianas y los separatistas pro-rusos han causado ya más de 5.358 muertos en el este de Ucrania desde que estalló el conflicto armado en abril.

Tras pedir la cancelación de los conciertos, elf grupo Art Against Agression publicó en su página de Facebook una respuesta del departamento de relaciones al consumidor de la Metropolitan Opera de Nueva York, donde Gergiev dirigió en enero la ópera de Tchaikovsky “Iolanta” protagonizada por Anna Netrebko, otra artista rusa acusada de respaldar a Putin. El Met aseguraba que la compañía “defiende la libertad de expresión” y que “no tiene por qué estar de acuerdo con las opiniones personales de los artistas que actúan en su escenario”. ¿Eso es blanco, negro o gris?

Y así, en esta simplificación binaria de los papeles de artistas, políticos y ciudadanos, echamos culpas, juzgamos y nos lavamos las malos. Por eso, luego llegan las sorpresas cuando nos damos cuenta de que el bueno, en realidad, también era el malo.

Photo Credit: Jack Vartoogian / BAM