domingo, 28 de septiembre de 2014

Una vida en la barbería

Por Ángela Pons.

Nos encontramos en un momento de resurgimiento del antiquísimo negocio de la barberías. Con el auge de las barbas y bigotes gracias al denominado movimiento “hipster”, no podía ser de otra manera. La neoyorquina Raul’s Barbershop lleva funcionando más de 40 años. El negocio se encuentra en límite del Lower East Side y el East Village de Manhattan, dos áreas que han vivido un intenso proceso de gentrificación desde los años 80 hasta la actualidad. Atrás queda su pasado de calles peligrosas. Ahora jóvenes (y no tan jóvenes) modernos pasean por sus calles y avenidas plagadas de modernos establecimientos con rentas imposibles.







Raul lo lleva en la sangre. Cuando llegó a Nueva York y montó su primer negocio, unas manzanas más al norte de la localización actual, ya conocía ese mundo. En su original San Juan su familia posee tres barberías.


En un barrio totalmente gentrificado, el espíritu de comunidad de los pequeños negocios aún persiste en casos aislados como éste. De lunes a sábado el interior de la barbería se llena de una atmósfera jovial y divertida de 7 de la mañana a 7 de la tarde. El hijo de Raúl, sus primos y varios amigos y familiares, la mayor parte provenientes de Puerto Rico, (aunque algunos, los más jóvenes,ya nacieron en Nueva York) trabajan en alegre armonía mientras intercambian bromas. a clientela de la barbería de Raul forman parte de su familia. Algunos llevan yendo casi tanto tiempo como el negocio lleva funcionando. La música, las fotografías colgadas en las paredes y los recuerdos sobre las estanterías ayudan a evocar el recuerdo de su tierra.



La última vez que pregunté a Raul si creía que volvería a Puerto Rico dijo que tal vez al año siguiente, o al otro… De momento, aquí se queda. 



Texto y fotos: Ángela Pons. www.angelapons.com