domingo, 30 de junio de 2013

Algo más que una biblioteca

Finales de junio. El calor húmedo y pegajoso que azota la ciudad en verano y las famosas tormentas estivales en las que parece que Manhattan vaya a sucumbir bajo sus lluvias han dado una tregua. En Bryant Park, uno de los más históricos, cuidados y característicos parques de la ciudad, cientos de neoyorquinos disfrutan del sol sin calor, de la brisa sin contaminación, del impecable césped y de la comida barata que se vende en los Food Trucks de alrededor (camiones ambulantes de comida rápida un poco más sofisticados que los carros de perritos calientes y que cuentan vía twitter en donde están estacionados). Detrás del parque, separándolo de la famosa Quinta Avenida, imponente, se erige el edificio central de la New York Public Library (NYPL), la Biblioteca Pública de Nueva York. Habrá turistas que piensen que es uno más de los museos de la ciudad; quizá algún especulador inmobiliario considere que esa preciada manzana a la altura de la calle 42 entre la Quinta y la Sexta sería una buena ubicación para un nuevo rascacielos; pero lo cierto es que se trata de una histórica biblioteca que con el paso de los años no ha perdido un ápice de elegancia y que ha sabido adaptarse a los tiempos modernos para seguir siendo el referente de miles de personas que, cada día, acuden a ella a estudiar, leer o tomarse un respiro de la estresante ciudad.


Edificio Central de la Biblioteca. Quinta Avenida.

La New York Public Library es mucho más que la Biblioteca municipal de la ciudad. Es una institución educativa con casi 120 años de Historia sin cuya existencia no se entendería el ritmo cultural de la Gran Manzana. Algunas cifras hablan por sí solas: es la segunda biblioteca más grande del país (sólo detrás de la biblioteca del Congreso) y la tercera del mundo; además del edificio central, símbolo de la institución, cuenta con 86 centros más repartidos por los distritos de Manhattan, The Bronx y Staten Island; su colección alcanza los 52 millones de ítems, entre libros, libros electrónicos y DVDs; 18 millones de usuarios se benefician de sus servicios cada año y entre sus colecciones históricas se encuentra la carta firmada en 1493 en la que Cristobal Colón anunciaba el descubrimiento del Nuevo Mundo.

Sin embargo, es preciso vivir en Nueva York para entender el verdadero significado de la NYPL. Basta acercarse a una de ellas (no antes de las 11 de la mañana, hora en la que las bibliotecas de barrio abren sus puertas), acomodarse en una de sus espaciosas mesas de madera con enchufes para cargar los portátiles y observar el espectáculo. De los techos, siempre altos, cuelgan imponentes lámparas que no desentonarían en la Scala de Milán. Las estanterías que dan cobijo a los libros anuncian la temática de los mismos con divertidos carteles de colores, de un metro y medio de largo, con diseños psicodélicos. En cada una de las bibliotecas, su sección informática, con docenas (cientos si se trata del edificio central) de ordenadores conectados a Internet. Un servicio de préstamo de portátiles permite a los usuarios sentarse en su silla (o sofá) preferido de la biblioteca y, a través del wifi gratuito, hacer el uso que quieran del PC. Ninguno de estos gestos resulta extraño a un neoyorkino, ni conectar su flamante Mac a la corriente en la misma mesa donde se sienta, ni hacerlo al lado de una persona sin hogar que ha pedido prestado su portátil después de aparcar su carrito del supermercado lleno de latas vacías en el hall de la biblioteca y refugiarse, por unas horas, del calor húmedo de Nueva York en verano, o del frío extremo y la nieve si se trata del invierno.

Por descontado, la biblioteca tiene su servicio de préstamos. Pero éste se integra dentro de un sistema tan cómodo y avanzado que es un auténtico placer pedir prestado un libro, un audio-libro, un DVD, un CD de música, un juego para nuestro PC o ¡un e-book para nuestro Kindle! Una vez introducido nuestro número de usuario y contraseña, reservar cualquier elemento está a un click de distancia. La aplicación nos dirá en qué lugar podemos ir en persona a recogerlo y, en caso de no estar disponible allá donde nosotros queremos, cuánto tiempo la institución tardará en llevarlo a ese lugar, donde estará esperándonos. Por supuesto, un email nos avisará de cuándo está disponible, del mismo modo que otro correo electrónico nos prevendrá de la cercanía de la fecha de devolución del ítem que hemos tomado prestado. El e-book, última novedad en el servicio de préstamos de la NYPL, se descarga directamente en nuestro kindle a través de la página de Amazon que reconoce nuestro usuario y nuestro dispositivo. ¿Alguien da más?

La NYPL organiza mensualmente tal número de actividades y conferencias que publica una revista mensual con el resumen de las mismas. Desde una conferencia sobre el Lunch Hour (hora de la comida) en Nueva York a lo largo de la Historia, hasta la presentación del último libro sobre el West Village (quizá, el mejor barrio de toda la isla), pasando por una exposición sobre los músicos latinos más influyentes en Estados Unidos durante el siglo XX. Enumerar todos los servicios sería interminable, pero llaman la atención los cursos de informática, poesía o inglés; los ciclos de cine; las exposiciones temporales de arte (más allá de que la mayoría de las salas del edificio central y algunos otros sean museos en sí mismo) o los talleres de alfabetización para personas mayores. ¿Interesado en un voluntariado? La Biblioteca de Nueva York cuenta con su propio centro de coordinación de voluntariado, con un número tan alto de participantes que la cita de orientación para el nuevo voluntario se demora hasta tres semanas. Pero llega, como toda, y es entonces cuando estamos listos para enseñar a crear una cuenta de correo electrónico a una persona mayor o participar en un taller de lectura para hijos de presidiarios un sábado por la mañana. Qué mejor manera de devolver a la institución lo mucho que ofrece gratuitamente.

Desde hace algunos años, un colectivo formado por trabajadores y usuarios de la Biblioteca coordina un movimiento para alertar del descenso de fondos públicos destinados a la Institución. Según dicen, el dinero que el Ayuntamiento de NY, con su alcalde Bloomberg a la cabeza, destina a la NYPL desciende sistemáticamente cada año. La biblioteca, como ellos mismos defienden desde la página web y las campañas de sensibilización a las puertas de cada una de ellas, es mucho más que un lugar de estudio y un sistema de préstamos de libros. Es el referente cultural público más importante de la ciudad y, para muchos, un lugar donde guarecerse de las hostilidades de la capital del mundo. Firmar la campaña no cuesta nada y una vez hecho, más de uno se sorprende con la rapidez con que el propio alcalde Bloomberg contesta a su petición vía e-mail: “no te preocupes, vecino de Nueva York: la calidad de la Biblioteca de Nueva York no está en riesgo. Seguiremos dedicando la misma cantidad de fondos que siempre a este servicio imprescindible para nuestra ciudad”. Palabra de alcalde. 

Ha llegado el calor, al mismo tiempo que los exámenes universitarios han llegado a su fin. Pero las aulas no se vaciarán mucho tiempo, puesto que los miles de estudiantes extranjeros que aterrizan en Nueva York para estudiar sus cursos de verano volverán a llenarlas. Son los mismos que ocuparán, también en verano, las palaciegas salas del Edificio Central de la Biblioteca Pública de Nueva York. Junto a ellos, judíos con su kipá y su portátil; asiáticos siempre acompañados de los más modernos gadgets; indigentes inscritos en un nuevo curso de alfabetización; periodistas sin periódico ni sala de redacción pero con brillantes reportajes en su cabeza, aún si comprador; turistas despistados. Todos tienen cabida en la, posiblemente, mejor biblioteca del mundo. Ni siquiera el dulce sol de Bryant Park les seduce lo suficiente como para dejar su silla vacía. Y es que este es un lujo al que es difícil de renunciar. Un lujo gratuito y público, esperemos que por mucho tiempo. 

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