martes, 5 de marzo de 2013

¡Cuidado, elecciones!

A principios del año 2008, unos días después de las elecciones presidenciales celebradas el veintisiete de diciembre de 2007, Kenia se sumió en el caos y la violencia. Los partidarios de Raila Odinga, perdedor de las elecciones, alentados por un líder que, a pesar de la derrota y apelando a un masivo fraude electoral se proclamó "presidente del pueblo", comenzaron una espiral de violencia por todo el país que fue duramente contestada por los partidarios del presidente electo, el octogenario Mwai Kibaki, en un contraataque orquestado por Uhuru Kenyatta, delfín de Kibaki. El conflicto, que duró más de dos meses, se llevó por delante la vida de mil trescientas personas, mas de medio millón de desplazados y causó una profunda herida social, política y étnica. Tras la denuncia de fraude electoral de los observadores internacionales, las apelaciones étnicas a su conveniencia de los líderes políticos y la intervención del entonces presidente de las Naciones Unidad, Kofi Annan (el de verdad, no este) ambos líderes firmaron un acuerdo de paz que concluía que Kibaki, ganador de las elecciones, renovaba su mandato de presidente y Odinga, supuesto perdedor, se convertía en el primer ministro del país. Aquel acuerdo puso fin a la "guerra civil, la expresión empleada por unos enfermeros de un hospital que visité en Nakuru cuando les pregunté por su recuerdo de aquellos días. La política se mezcló con la identidad étnica y la miseria, protagonizada por esos millones de keniatas que viven con menos de un dólar al día, salió a las calles. En Kibera, el suburbio de Nairobi considerado el slum más grande de África, tuvo lugar el epicentro de las protestas y también de los muertos, y todo el país, de oeste a este, de la frontera somalí a la tanzana, se sumió en un estado de violento pánico.

Nadie en Kenia ha olvidado aquellas semanas. Ni los keniatas ni los expatriados, voluntarios o turistas. Hay miedo, mucho, y mucha precaución, quizá excesiva. El gobierno español avisa a los turistas de esta forma, tal y como puede leerse en la página web del Ministerio de Asuntos Exteriores en la información sobre Kenia:

AVISO CON VISTAS A LAS ELECCIONES DEL 4 DE MARZO DE 2013
El próximo 4 de marzo de 2013 se celebrarán en Kenia elecciones presidenciales y generales. En función del resultado podría haber una segunda vuelta, en principio prevista para el 11 de abril. La tensión puede aumentar a medida que se acerque la fecha de las elecciones y prolongarse a lo largo de todo el periodo electoral y postelectoral. Por ello, aquellas personas que tengan previsto desplazarse a Kenia durante ese periodo deben valorar la posibilidad de retrasar el viaje si no es imprescindible realizarlo. Si finalmente se desplazan a Kenia (...) extremen las medidas de cautela y autoprotección, evitando las aglomeraciones, algaradas o lugares públicos donde se celebren reuniones de carácter político. Se recuerda que existe un serio riesgo de que se produzca un serio riesgo de que se produzcan secuestro en todo el país. La inseguridad es alta en todo el territorio de Kenia, tanto por actos de delincuencia común como organizada, especialmente en la capital, Nairobi, así como en las principales ciudades. Se aconseja por lo tanto extremar las medidas de seguridad y autoprotección. Kenia no está libre de la amenaza terrorista.

Y es que el miedo está muy presente. Los voluntarios y cooperantes de una Fundación española que opera en la isla de Lamu nos contaron que, desde una semana antes de las elecciones, se irían unos días de turismo a Tanzania, país desde el que vigilarán la evolución de Kenia tras las elecciones. Uno de mis compañeros de safari por el parque del Serengety (Tanzania), un médico aleman voluntario en Nairobi, ha decidido que sus quince días de vacaciones coincidan con el periodo pre y post electoral keniata. E incluso dos turistas, también germanas, no muy pendientes de la actualidad internacional y al enterarse de la proximidad electoral y pedir consejo a su embajada en Nairobi, se plantean con cierta urgencia la posibilidad de cambiar sobre la marcha el destino de sus dos semanas de vacaciones. A pesar de las llamadas a la calma de los políticos, a pesar de que los keniatas que viven del turismo (la principal industria del país) aseguran por la cuenta que les trae que esta vez no se repetirán los conflictos, a pesar de que mil trescientos muertos son demasiados para que el país no haya aprendido la lección, lo cierto es que los protagonistas de lo ocurrido en 2008 son los mismos que los que se presentan a las elecciones: el señor Odinga, hijo de una importante familia política, de la etnia de los Luo y admirador de Fidel Castro, fue el instigador de las primeras revueltas violentas de hace cuatro años; y el señor Kenyatta, hijo del primer presidente de Kenia, una de las personas más ricas del país, miembro de la etnia de los kikuyu y con un juicio previsto para el próximo abril en el Tribunal Penal Internacional de La Haya por crímenes contra la humanidad cometidos como respuesta a las primeras revueltas postelectorales. Dos joyas.

Desde hace meses, Kenia vive pendiente de las elecciones. El pueblo, sea llano o no, ha seguido con inusitado interés la campaña electoral, comenzada hace meses, y el debate político está presente en la calle, en los mercados, en las paredes de cualquier rincón del país, empapeladas hasta el extremo de carteles propagandísticos. El primero de los dos debates electorales celebrados fue retransmitido por todas las televisiones del país, anunciado a bombo y platillo por todos los medios de comunicación y seguido por la mayoría de la población. "Mejor que confirmes tu reserva para el safari esta misma mañana - me pedía el gerente de una agencia de viajes de Nakuru- porque esta tarde es el debate de las elecciones y cerramos la oficina para verlo". Durante semanas, las manifestaciones de los partidarios de uno y otro partido (en total ocho candidatos electorales, aunque todos menos dos sin la más mínima posibilidad de victoria) se dejan ver por las calles de Nakuru, Nairobi, Mombasa o Lamu, enfundados en sus camisetas de colores, armando un barullo mayor, si cabe, que los partidarios del otro partido, en la acera de enfrente, que cortan la circulación con una caravana de camiones descapotables.

Cinco de marzo de 2013. Nueve de la noche hora de África del Este. Kenyatta, el delfín del actual presidente y futuro inquilino del banquillo de La Haya parece haber ganado las elecciones. Con el 40% del escrutinio, este politólogo formado en Estados Unidos obtiene el 53% de los votos lo que le convierte automáticamente, tal y como establece la nueva Constitución, en el nuevo presidente del país, sin necesidad de una segunda vuelta electoral. De momento, los quince muertos registrados entre los días de ayer y de hoy no parecen vaticinar una nueva espiral de violencia aunque, desde la lejanía de Tanzania, me pregunto cómo se vivirá la jornada postelectoral en alguno de los suburbios de Nairobi que vi desde la ventanilla de mi tren nocturno con destino Mombasa. Allí, los más pobres del país aseguran que ellos no entienden de clanes ni de etnias, de rojo ni de azul, de una familia política ni de otra. Sólo de ricos y de pobres. Y pase lo que pase no parece que ningún candidato vaya a luchar por revertir la situación del país 140 sobre 176 en la lista de Transparencia Internacional.

2 comentarios:

  1. Te recomiendo un artículo relacionado sobre el tema, bastante bueno.
    http://www.esglobal.org/kenia-contra-si-misma
    Abrazos.

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  2. Gracias, muy interesante. Han pasado cuatro días y siguen con el recuento. Pinta mal la cosa...

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