lunes, 31 de diciembre de 2012

Sol de África

Una sinuosa carretera costera separa el turístico pueblo de Hermanus, paraíso de los avistadores de ballenas, de la ciudad de Cape Town. El sol se pone por detrás del Cabo de Buena Esperanza, dejando atrás la Península del Cabo e iluminando el Atlántico a su paso

El final del invierno austral aún ofrece noches gélidas en el norte de Namibia. La puesta del sol en algún lugar del Parque Nacional de Etosha, tras un día completo avistando a los cinco grandes mamíferos, anuncia unas horas de frío que una buena tienda de campaña, un decente saco y una inmejorable compañía pueden solucionar

El conductor del mokoro surca las aguas del Delta del Okavango de regreso al campamento, tras haber visitado la laguna donde varias familias de hipopótamos retozan y se refrescan en las aguas dulces de este río


Un barco que recuerda a un vapor de otro siglo recorre al atardecer las aguas del Parque Nacional de Chobe, en Botsuana, donde los elefantes y las jirafas buscan la última comida del día mientras vigilan de lejos los movimientos de las manadas de hipopótamos.


Después de tirarse al vacío desde lo alto de su puente y recorrer los rápidos del Zambeze, contemplar la marcha del sol por detrás de las Cataratas Victoria, desde el lado de Zambia, es una ejercicio místico de relajación

En plena Wild Coast o Costa Salvaje de Sudáfrica, por detrás de los acantilados rodeados de bosques subtropicales, el astro desaparece dejando en calma tan vasta naturaleza


Inaccesible, aislada, rodeada de arena y fronteras impenetrables, la kilométrica playa de Ponta D'ouro en Mozambique es el primer paraíso de habla portuguesa en el que iba a ver salir el sol desde el Índico

Sólo hay que dejar de mirar por un instante la playa, el buceo, los resorts lujosos y el turismo de caipirinha, darse la vuelta, y admirar la imponente puesta de sol detrás de las plantaciones de cocoteros de Tofo, en Mozambique

El dhow o barco de velas mozambiqueño despliega el mástil al regresar del Archipiélago de Bazaruto, en el centro de Mozambique, y uno desea que el viento se pare y nuestro velero tarde horas en llegar a su destino

Playa de Fernâo Velosso, en Nacala, situado en el norte de Mozambique y donde llegar resulta tan complicado que la recompensa de atardeceres desde la ventana de la habitación como este resultan, si cabe, aún más sorprendentes

Un lago que parece un mar. Una playa que nos permite bañarnos en agua dulce. Unas islas accesibles a nado. El sol también desaparece en el Lago Malaui, donde el tiempo se para y los viajeros recapacitan si seguir hacia el norte o perderlo definitivamente

Seguimos viaje. Era noche cerrada. Lo que en Europa recibe el nombre de atardecer o crepúsculo
aquí apenas si dura unos minutos; a decir verdad, no existe. Se acaba el día y enseguida cae la noche,como si alguien, con un repentino movimiento de interruptor, desconectase el generador del sol. Sí, la noche inmediatamente se vuelve negra. En unos segundos nos hallamos en el interior de su núcleo más oscuro. (Extraído de libro Ébano de Ryszard Kapuscinski)

1 comentario:

  1. Que bonitas fotos...que borrachera de atardeceres y amaneceres debes llevar encima despues de tantos meses.

    ResponderEliminar

Gracias por comentar mi blog. Gente como tú hace que siga teniendo ganas de seguir escribiendo y me da fuerza para continuar con mi viaje.