jueves, 12 de julio de 2012

Un aperitivo: Ucrania

Retomar un blog tres años después tiene su mérito, sobre todo si uno compite en algún concurso de pereza, desidia, dejadez o campeonato de abandono de blogs.

Pero como nunca es tarde, y como quiera que sea que el viaje que un día de septiembre de 2009 imaginé que haría está a punto de comenzar, no se me ocurre mejor momento que ahora para retomar el blog y callar así la boca al gran Alberto Mélida, que cada día me pincha con la mejor de sus intenciones para que retome su redacción.

Pues sí, el viaje es una realidad. El 28 de agosto volaré a Ciudad del Cabo para empezar un periplo de, al menos, 4 meses, por Sudáfrica, Namibia y Mozambique, donde seré voluntario de la Fundación Khanimambo durante al menos dos meses.

Pero eso lo dejaremos para más adelante, porque lo que os quiero contar es un pequeño aperitivo del viaje, el que tuvo lugar entre Madrid y Kiev pasando por Varsovia y Ginebra, con la excusa de ir a ver la final de la Eurocopa de Fútbol.

Una vez eliminada la selección patria a los portugueses en semifinal, y con la certeza absoluta de que mis voucher "follow my team" iban a ser canjeadas por entradas para ver la final de España contra (eso lo sabríamos al día siguiente) Italia, nos pusimos manos a la obra y organizamos la logística de un viaje que algunos piensan que llevábamos dos meses preparando. Como quiera que sea que los vuelos a Kiev costaban 1.300 euros, optamos por la vía polaca: vuelo Madrid-Ginebra-Varsovia-Madrid.

En Varsovia un mero trámite, donde sólo destaca que nuestro New World Hostel situado en el mejor sitio de la ciudad tenía habitaciones temáticas y a Álvaro (Que por si alguien tenía alguna duda era mi compañero de viaje) y a mi nos tocó la habitación Barcelona.

Ya en pleno último día del mes de junio, afrontamos con cierto miedo lo que a priori era la parte más desconocida del viaje: alquilar un coche en Varsovia, recorrer los 763 km que separan la capital polaca de Kiev y pasar el control fronterizo. Algo que yo había hecho una docena de veces a bordo de nuestro mítico Fiat 600 durante nuestro glorioso Mongol Rally pero que nunca viene mal afrontar con respeto...

Pocas veces uno disfruta de un viaje en el que, en el aeropuerto de salida, se encuentra una lámpara, la frota, sale un genio y le pregunta por sus deseos. Entonces, uno dice "quiero una noche entretenida en Varsovia durmiendo en el hostel más barato pero más completo de la mejor zona de la ciudad. ¡Concedido!"

Quiero un coche nuevo, que consuma poco, que circule por buenas carreteras tanto en la parte polaca como en la ucraniana, sin atasco y que haga que los casi 800km hasta Kiev se me pasen volando. ¡Concedido!

Quiero que el paso fronterizo, como sea que tiene un poquito de cola, me lo pueda abreviar un poco aunque sea mostrando mi bufanda de la selección española y poniendo cara de tontito al funcionario que me dice que "por qué te has metido en esta fila que es sólo para diplomáticos..." ¡Concedido!


Me gustaría mucho conocer la Ucrania profunda, esa en la que familas enteras subidas a un carro de madera tirado por bueyes circulan por la autopista llevando fardos de cereales, y parando en pequeños cafés de carretera donde los servicios son agujeros cavados en la tierra. ¡Concedido!

Además, querido genio, no quiero problemas en Kiev con el alojamiento. Danos, por ejemplo, una casa de 3 habitaciones a cinco minutos andando del estadio donde se jugará la final, y a buen precio, por favor. ¡Concedido!

Sigamos: al llegar a Kiev nos gustaria conocer rápidamente tanto españoles como sobre todo ucranianos, preferentemente chicas (con conocida fama de ser tímidas y feas...) y salir a tomar unas fantas. ¡Concedido!

Y ya, el día de la final, nuestas peticiones se incrementan, querido genio. Entenderás que España se juega otro título, que hemos hecho muchos kilómetros y que no queremos que falte de nada, así que estan son nuestras peticiones para hoy, 1 de julio de 2012:

- Queremos revender rápido y fácil las otras dos entraditas que traíamos para la final.
- Queremos que, al llegar a la fan zone, nos entre un ataque de enajenación mental transitoria producto de la felicidad del momento.
- En la propia Fan Zone, ataviados con prendas rojas y una peluca, nos gustaría mucho que muchachas ucranianas se acerquen compulsivamente a nosotros para hacerse fotos a nuestro lado. Algunas, además, pueden solicitar que la foto sea en el momento en el que nos besan.













- Haz que se nos ocurra alguna coplilla española que podamos cantar a las muchachas, para que así aprendan algo más del país representamos. Por ejemplo, un "que viiiiiva Españaaaaa".
- Sobre el partido, vamos a pedir algo muy dificil, querido genio: que España gane, por ejemplo, por 4-0, con un juego abrumador y que Italia ni la huela...
- Y ya, lo último, querido genio, sabedores de que esto lo tienes muy muy dificil, pero que harás lo imposible. Nos volvería locos que, al final de la noche, con la Eurocopa en manos de España, con las cámaras llenas de fotos con ucranianas y ucranianos, con policias nacionales, con Manolo el del bombo y dentro del estadio, nos gustaría que (es dificil, lo sé) nos llevaras a una discoteca de Kiev en la que la selección al completo estuviera celebrando en la intimidad su triunfo. ¿Crees que sería posible, querido genio? ¿Crees que se dejarían fotografiar con nosotros?

Y entonces el genio, con cara muy seria, contestó: ¡CONCEDIDO!

Y el resto es Historia. Al día siguiente, en mejores o peores condiciones, pero acompañados por 3 extraordinarios extremeños, emprendimos viaje de vuelta a Varsovia, dónde sólo hubo tiempo para devolver el coche y coger el avión. ¿Qué en el camino solucionamos una pequeña multa de exceso de velocidad con 7 euros de mordida? ¿Que en el vuelo Varsovia-Munich mi compañera de asiento era modelo de ropa interior y se volvió loca por venir a Madrid a verme? ¿Que todo el viaje nos salió por cuatro duros? Bah! ¿a quién le importa? Con todo lo anterior concedido por el genio de la lámpara, se me antojan cosas secundarias...

Y esto, de aperitivo.