jueves, 7 de abril de 2016

El mundo improvisao de Farruquito

Hace casi tres décadas, un niño de 5 años cruzaba el escenario del mítico Carnegie Hall de Nueva York y daba sus primeros pasos de baile ante el público norteamericano. Entonces no lo sabía, pero ese chico, 28 años después, habría de volver a poner Manhattan a sus pies.
“No tengo ni idea de lo que se verá esta noche en el escenario”. Farruquito se presenta sin engaños y con una honestidad que desgrana poco a poco con sus palabras sosegadas y su mirada penetrante. Busca la expresión adecuada para definir su espectáculo, y toma su tiempo para explicar por qué Improvisao, el show que presentó en Nueva York el 10 y 11 de marzo pasado, es un regreso a las raíces del flamenco.
Juan Manuel Fernández Montoya (Sevilla, 1982) reconoce que quería un paréntesis en su vida profesional, y destila humildad para admitir que, con sus 33 años, no ha aprendido aún a bailar flamenco como quisiera y que no ha alcanzado la dimensión deseada en este arte.
“Llevo toda la vida preparándome para poder hacer un espectáculo improvisado. Es una libertad muy bonita pero una responsabilidad muy grande”.
Foto: Luiz C. Ribeiro

Farruquito se refiere constantemente a la formación flamenca, aquella de la que no se habla, la que no se aprende en un conservatorio pero que el artista considera igual de importante que la clásica e incluso más difícil que ésta.
Esa formación, inmensurable, la que “permite a los flamencos descifrar códigos sobre el escenario en tiempo real”, que nace y muere en el mismo instante sobre el escenario, que equivale a una partitura en blanco interpretada junto una composición musical, rítmica y coreográfica perfecta, es de la que Farruquito presume y la que se atreve a representar sobre el escenario del New York City Center.
Improvisao no es sólo volver al origen del flamenco mediante la improvisación, sino también hacer una escobilla, una llamada por bulerías y un cante por soleá como se hacía antiguamente, y marcar esa soleá como se tiene que marcar”, explica. 
En efecto, cuando sube a las tablas, el nieto del famoso bailaor Farruco reivindica su apuesta por la ausencia de orden y estructura en un espectáculo en el que, sin embargo, todo está “acompasado y en su sitio”. Rodeado de un elenco al que define como una hermandad, imprescindible en la base y origen del flamenco, Farruquito arranca primero con una seguiriya, continúa con alegrías y cierra con una sobria soleá.
¿Hasta dónde llega la improvisación? ¿Cuántos colores están ya pintados en ese cuadro en blanco que el artista presenta en Nueva York? Algunos desajustes de luces y breves instantes de respiración contenida en los que el elenco se mira a los ojos para intuir por dónde seguirán los pasos confirman que, efectivamente,Improvisao tiene mucho de espontaneidad. Y que, como reconoce el más conocido de la saga de los Montoya, “la improvisación es el mundo y el mundo es improvisao”.
Primero, conquistó Manhattan, como cantara Enrique Morente versionando a Leonard Cohen. Es Nueva York la ciudad que le regaló el título de mejor artista del año 2001, en opinión del New York Times. La que consiguió que empezara a firmar autógrafos en España y también la que le cerró las puertas cuando el artista atravesó por la etapa más gris de su vida. Esa de la que Farruquito prefiere no hablar.
Entre el público, que durante dos noches colma el City Center, a dos manzanas del Carnegie Hall, una espectadora exclama entusiasmada que se siente “como si le hubieran invitado a una fiesta gitana” y otros reconocen que el bailaor “sabe hacer dos cosas bien, pero las hace como nadie”. En ambos casos se trata de una audiencia ya madura, más especializada, menos propensa a demandar espectáculos coloridos y con muchos artistas sobre el escenario, como anteriormente.
“El público ya no aplaude sólo al final del espectáculo o cuando ve un gesto muy técnico, sino ya que disfruta con otros detalles más emocionales, más pequeños, y es capaz de gritarle un olé al cante, que es el padre del flamenco”, destaca Farruquito. 
Pero el Flamenco, como toda disciplina, evoluciona. La decimotercera edición del Festival de Flamenco de Nueva York, una iniciativa casi artesana y personal ideada y dirigida por Miguel Marín, está dedicada este año a la multiculturalidad del flamenco y su fusión con otras artes musicales.
“Fusión siempre ha habido, pero con el flamenco me gusta más hablar de comunión”, señala Marín, que para la edición de este año ha ideado un programa en el que el flamenco se entremezcla con músicas persa, andalusí, israelí, folk, jazz y latin-jazz, entre otras.
Marín tiene claro que sólo Nueva York puede acoger una apuesta capaz de mostrar “toda la paleta de colores que hay en el flamenco”, desde el más tradicional de Farruquito hasta actuaciones tan inverosímiles como con la que Jackson Brown y Raúl Rodríguez asombraron al público en la primera actuación de este año, con su espectáculo Son y Song.
Para Farruquito, sin embargo, la etiqueta de multiculturalidad en el flamenco puede tener cierto peligro. “Si voy a ver un espectáculo donde el título es ‘flamenco’ y me encuentro que el 80% es contemporáneo, no es que me sienta engañado, pero tengo que saberlo antes”, advierte.
Siendo fiel a esos principios tradicionales, prepara ya su próximo espectáculo,Baile Moreno, un doble homenaje a su padre Juan Moreno, también cantaor, y a un tipo de baile desconocido por el gran público, en una composición que se estrenará el próximo septiembre en el teatro de la Maestranza en Sevilla.
“El baile moreno es aquel baile auténtico, del que yo he aprendido, que bailan los parias del arte, los flamencos que lo son pero no porque hayan estudiado ni se dediquen profesionalmente a ello”, explica. “Es el cante de una manera de vivir del campo y del caballo, de los gitanos pobres con un arte informal y natural, muy difícil de descifrar, que yo voy a bailar descalzo, desnudo”.
El nieto de Farruco esquiva las preguntas de política, alegando que no quiere hablar de lo que no sabe, pero ante una situación de ingobernabilidad en España, Farruquito denuncia que no entiende “la política de la vida tal y como la inculcan desde pequeños”, aunque encuentra una explicación muy al caso: “La improvisación es del mundo, el mundo es improvisado”.

El bailaor, estigmatizado para algunos, venerado por otros, declara no ser de ninguna religión porque no quiere estar contra nadie, pero apela al perdón.
“Se trata de tenderle una mano al que se equivoca y comete un error. Y gracias al arte y el flamenco estoy en ese camino, aprendiendo cada día a ser mejor persona y no juzgar a los demás”, concluye.

(Publicado originalmente para la agencia dpa)

lunes, 16 de febrero de 2015

La Noche del Ratón

Hace unos meses me llegó un email remitido por Asier Vázquez en el que me anunciaba que había producido una película y que iba a participar en un festival de cine en California. “Que no pierda nunca la capacidad de sorprenderme”, pensé para mis adentros.

La primera vez que vi a Asier fue en una foto. “Este es mi hermano. Es ciego”, me dijo mi buen amigo Iker. Con los años, las noticias sobre Asier no dejarían de llegarme, gota a gota, y sus asombrosos logros serían una constante: periodista, poeta (con su libro publicado), nuevamente poeta (segundo libro en las estanterías), bloguero y tertuliano.

Este post podría haber sido una noticia para una agencia de noticias firmada con mi nombre. Este texto podría haber sido una noticia en cualquier medio de comunicación alertando sobre la participación de una modesta película española en un importante festival de cine estadounidense. También podría haber sido, hace una semana, una crónica in-situ del periplo americano de Asier y sus compinches. Pero, finalmente, este post es un reconocimiento a posteriori al esfuerzo que personas con un talento tan grande como el optimismo que transpiran son capaces de lograr.

Hace ya varios años que David R. Losada y Asier Vázquez traman proyectos audiovisuales. Y hace unos pocos que entre ellos surgió la idea de sacar adelante una película. “Queríamos demostrarnos a nosotros mismos que podíamos grabar un largo, aunque fuera con escasos recursos”, me contaron los dos cuando les entrevisté, a 6.000 kilómetros de distancia. Y eso hicieron cuando parieron “La noche del Ratón”, una película rodada con 6.000 euros de presupuesto de una manera artesana, editada con paciencia durante meses y presentada al gran público con mimo, orgullo y dignidad.

La Noche del Ratón fue seleccionada para participar en la edición 2015 del Festival Internacional de Cine de Santa Bárbara, en California. Y desde que esa nominación tuviera lugar, Asier, productor del filme y David, su director, han vivido una montaña rusa de sensaciones y emociones que tuvieron su punto culminante durante la semana que pasaron en la costa oeste de Estados Unidos.

“Oye, Asier, ¿y cómo puede alguien producir una película siendo ciego?” le pregunté en mi infinita ignorancia de que los invidentes como él también van al cine, porque les gusta disfrutar del ambiente de la gran pantalla. Que los que no ven la luz son muy capaces de evaluar cuando una toma es buena o no. Que las personas como Asier, aunque no vean, pueden amar y saber mucho del séptimo arte.

“Es una película de género”, me comentan tanto productor como director. Un thriller con toques de terror, ochenta minutos de tensión e incertidumbre ante qué puede estar pasando, ante cómo se resolverá la angustiosa situación de sus protagonistas. Sorprende sobremanera que 6.000 euros (puedes poner como comparación lo que costó alguna peli de Hollywood) den para rodar durante semanas, principalmente en aquella gasolinera de Irún donde “cada día las revistas y las bolsas de patatas de las estanterías cambiaban y teníamos que estar muy pendientes del raccord”. El primer largometraje que David dirige y Asier produce puede ser muchas cosas pero desde luego no es un entretenimiento amateur de unos amiguetes.

Y eso han considerado crítica y publico en Santa Bárbara, que en todos los pases aplaudieron la película y han sido más que generosos con sus críticas: “España demuestra que puede competir con los thrillers americanos”, decía la televisión ABC; “el director me recuerda a Polanski”, comentó Roger Durling, el director del Festival.

Tras una semana pisando la alfombra roja, concediendo entrevistas, posando para las cámaras, midiendo la reacción del público y participando en coloquios sobre cine, los chicos y chicas de “La Noche del Ratón” han vuelto a casa aún más convencidos de que el próximo proyecto no puede detenerse ahora. Y es que, quizá esto sea lo más interesante, la película ha cumplido su misión de ser los 80 minutos de largometraje que les demuestra a ellos mismos que son capaces de hacer algo grande con pocos medios. Ahora que los medios van a ser mayores, los resultados, vaticino, pueden ser prometedores. 

Vi a Asier por primera vez en una foto, sobre la cómoda de un salón. Años después, vuelvo a ver su cara en la prensa, al lado de titulares como “Estreno mundial al más puro estilo de Hollywood”. Mi enhorabuena, artista.

lunes, 9 de febrero de 2015

“El lago de los cisnes”: ¿otro cuento de buenos y malos?

Sin importar que sepas o no de ballet y pese a que la historia no es fácil de seguir , en “El lago de los cisnes” queda claro quién es el héroe y quién es el villano. Hasta los vestidos no dejan lugar a dudas: es una batalla entre la pureza del blanco y la perversidad del negro. Pero la representación guarda una sorpresa: la bailarina buena es la misma que hace el papel de mala. Y, sea casualidad o no, parece que las piruetas y seducciones del cisne negro ganan más aplausos que la fría elegancia y el sufrimiento contenido del cisne blanco.

Como la vida misma. Porque aunque desde pequeños nos han inculcado el atractivo de simplificar las cosas a un duopolio de extremos, con el pa
so de los años aprendemos que las cosas se complican y hay muchos grises en la paleta. También en el ballet. 


El director al frente de la orquesta del Teatro Mariinsky de San Petesburgo y titular de la Orquesta Sinfónica de Londres, Valery Gergiev, es probablemente de los más prestigiosos del mundo y llena las salas por donde va. Pero delante de la Academia de Música de Brooklyn (BAM), donde el director estrenó el 14 de enero una residencia de dos semanas que incluyó entre otras obras “El lago de los cisnes”, todas las noches un grupo de manifestantes repartía folletos y, armados de pancartas, acusaba a Gergiev de ser simpatizante del presidente Vladimir V. Putin y de haber firmado una carta publicada por el ministerio de Cultura de Rusia expresando el “firme” apoyo a la ocupación militar de Ucrania. 

Los disidentes reclamaban el boicot de los conciertos de Gergiev y ofrecían más detalles sobre otros patrocinadores del Mariinsky sometidos a sanciones por Estados Unidos a todo aquel dispuesto a escuchar. Pero la mayoría de los engalanados neoyorquinos que acudía a BAM para ver el ballet parecía tener poco interés por mezclar arte y política. 

Entonces, en un mundo de blancos y negros, de vencidos y vencedores, cisnes inocentes y cisnes embaucadores, Gergiev ¿es bueno o malo? ¿Qué hacemos con aquellos artistas cuya creatividad nos regala obras maestras pero cuyos actos como embajadores de la raza humana dejan mucho que desear? El público de todo el mundo se levanta para ovacionar a Gergiev sin importarle que éste acuse abiertamente a los “nazis” ucranianos de querer “masacrar” a los rusoparlantes de Crimea. Nos adentramos en territorio gris, gris como un invierno en Donetsk.

La coreografía original de “El lago de los cisnes” para la obra de Tchaikovsky, creada para el Teatro Mariinksy por Marius Petipa y Lev Ivanov hace casi 120 años, es probablemente la tragedia más famosa de la historia del ballet. Bailar su doble papel protagonista es como escalar el Everest o hacer de Hamlet. No es de sorprender que en la versión representada en Brooklyn, la fría perfección de la bailarina Viktoria Tereshkina redujera, pese a los duetos, solos y el momento en que completa de manera sublime sus 32 “fouettes” (rapidísimas piruetas), el mítico enfrentamiento entre la sufrida Odette y la lasciva Odille a un mero estereotipo. 

Otro gris irónico que se asoma en esta historia es la abundancia de rumores que sugieren que Piotr Tchaikovsky era homosexual. Y no hay duda de que Putin y su gobierno desaprueban de las relaciones entre personas del mismo sexo en vista de sus homófonas leyes. Para Gergiev no debe ser tarea fácil mantener su lealtad a los valores de su amigo Putin en un mundo como el ballet. Durante un concierto de Gergiev en 2013 en Carnegie Hall, en Nueva York, unos manifestantes gritaron: “¡Gergiev, tu silencio está matando a gays rusos!”

En una entrevista con el dominical de The New York Times, el director trató de minimizar estas acusaciones alegando que él no es parte de ninguna matanza en el mundo. Además, llegó a poner en duda la veracidad de las historias sobre el asesinato de homosexuales rusos. “Nadie puede contarme ningún caso, ni siquiera mis amigos occidentales”, declaró Gergiev a la revista.


Pese a ser un recuerdo lejano, en el contexto de las actuales tensiones entre Washington y Moscú no es complicado resucitar el viejo fantasma de la Guerra Fría. Y ahora, en pleno centro de Nueva York, ¿quiénes son los buenos y quiénes son los malos?

¿Acaso es casualidad que en esta representación de ‘El lago de los cisnes’ se optara para el final del ballet por la inusual versión de 1950 en la que en lugar del trágico final en que ambos protagonistas mueren, el noble príncipe Siegfried desafía al culpable del mal y todo acaba en un final feliz? ¿No es este un desenlace perfecto para un público acostumbrado a los cuentos de hadas de Disney?

En la entrevista a The New York Times, Gergiev también negó que los rusos fueran antiestadounidenses y como ejemplo se refirió a su fascinación por los iPhones y el cine de Hollywood. Pero no se distanció de Putin, alegando que el tema de Crimea “es muy complejo y que no puede definirse por la palabra ‘anexión’”.

Los activistas, integrantes del grupo Art Against Agression, seguirán al director durante la totalidad de su gira por Estados Unidos, que incluye paradas en Washington, Carolina del Norte, Michigan y Florida, para concluir el 14 de febrero en Nueva York con un concierto en Carnegie Hall.


“Queremos asegurarnos de que cuando estos artistas que apoyan a Putin y sus políticas que violan los derechos humanos actúen en Occidente, el público sea consciente de lo que hacen”, decía un comunicado de prensa repartido delante de BAM.

Según Naciones Unidas, el enfrentamiento entre las fuerzas ucranianas y los separatistas pro-rusos han causado ya más de 5.358 muertos en el este de Ucrania desde que estalló el conflicto armado en abril.

Tras pedir la cancelación de los conciertos, elf grupo Art Against Agression publicó en su página de Facebook una respuesta del departamento de relaciones al consumidor de la Metropolitan Opera de Nueva York, donde Gergiev dirigió en enero la ópera de Tchaikovsky “Iolanta” protagonizada por Anna Netrebko, otra artista rusa acusada de respaldar a Putin. El Met aseguraba que la compañía “defiende la libertad de expresión” y que “no tiene por qué estar de acuerdo con las opiniones personales de los artistas que actúan en su escenario”. ¿Eso es blanco, negro o gris?

Y así, en esta simplificación binaria de los papeles de artistas, políticos y ciudadanos, echamos culpas, juzgamos y nos lavamos las malos. Por eso, luego llegan las sorpresas cuando nos damos cuenta de que el bueno, en realidad, también era el malo.

Photo Credit: Jack Vartoogian / BAM

lunes, 19 de enero de 2015

What is justice?

In the film classic ’12 Angry Men’ (1957) a jury gathers to decide on the guilt or acquittal of a young boy accused of murdering his own father. The verdict must be unanimous. If all of the jury members vote guilty, the boy will be sentenced to death. The evidence of the boy’s guilt seems clear and beyond reasonable doubt, but one of the jury members (played by Henry Fonda) stands to defend the boy. Tension builds and characters reveal their true nature as they try to reach a decision in the sweltering hot jury room. A viewer is sucked into a thought-provoking journey that will raise questions in one’s mind long after the end credits end. The film was nominated for three Academy Awards, one of them being Best Picture. 


The AlphaNYC Theater Company is proud to present an off-off-Broadway stage adaptation of the movie masterpiece. ’12 Angry Jurors’ will be performed at the Corner Office NYC Theater in Midtown, Manhattan from February 20th through February 28th. 


Johanna Finn

Since jury members of today can be of either gender, the cast of ‘Twelve Angry Jurors’ consists of both men and women. Johanna Finn, an actress from Finland, is playing the role of juror number 11, a refugee and watchmaker from Germany who conveys a deep appreciation for democracy and America’s legal system. Juror number 11 has an interesting character arc from a quiet follower to someone who speaks her mind in pursuit of justice. The knowledge of world events of the writer’s time: the post-World War II era in Europe, and the Cold War and fear of communism in the United States of America give depth to the character, even though these events are never mentioned in the script. Johanna is thrilled to have booked this role, to tackle this interesting character, and to perform in Times Square. She feels that especially in the light of recent events, justice is still a big question on everyone’s lips, and that is one of the reasons why it is important to tell this beautiful and provoking story.

¿Culpable o no culpable?

En la película clásica “12 hombres sin piedad” (1957) un jurado se reúne para decidir sobre la culpabilidad o absolución de un joven acusado de matar a su propio padre. El veredicto debe ser unánime. Si todos los miembros del jurado votan culpable, el niño va a ser condenado a muerte. La evidencia de la culpabilidad del muchacho parece clara y más allá de toda duda razonable, pero uno de los miembros del jurado (interpretado por Henry Fonda) destaca por defender al muchacho. Crece la tensión y los personajes revelan su verdadera naturaleza en su intento de llegar a una decisión en la sofocante sala del jurado. EL espectador se adentra en un viaje a la reflexión que plantea preguntas mucho después de los créditos finales. La película fue nominada a tres premios de la Academia, una de ellas mejor película.

Cartel de la obra
Ahora, casi 60 años después, la Compañía Teatral AlphaNYC presenta la adaptación teatral de esta obra maestro del cine. “12 hombres sin piedad” (12 Angry Jurors), se representará en el Teatro Corner Office NYC de Midtown, en Manhattan, entre el 20 y el 28 de febrero de 2015. 

La actriz Johanna Finn

Dado que los miembros del jurado de hoy pueden ser de cualquiera de los géneros, el elenco de “12 hombres sin piedad” se compone de hombres y mujeres. Entre ellos, destaca Johanna Finn, una actriz finlandesa asentada en Nueva York, que juega el papel de jurado número 11, una refugiada relojera de Alemania que transmite un profundo aprecio por la democracia y el sistema legal de Estados Unidos. El jurado número 11 tiene un interesante rol del personaje de alguien que busca la justicia. El conocimiento de los acontecimientos del mundo de la época de la escritora la era post Segunda Guerra Mundial en Europa, y la Guerra Fría y el miedo del comunismo en los Estados Unidos de América, dan profundidad al personaje, a pesar de que estos hechos no son mencionados en el guión . Johanna no puede disimular la alegría y satisfacción de representar este papel y de actuar en Times Square. Siente que, a la luz de los recientes acontecimientos, la justicia sigue siendo una gran pregunta en boca de todos, y que es una de las razones por las que es importante para contar esta hermosa y provocadora historia.